I.
LA VOLUNTAD DE DIOS
1. La Voluntad de Dios
La Voluntad de Dios vino ante mi. Dios es el origen de la voluntad, el contenido de la voluntad y el
propósito de la Voluntad.
La voluntad es la esencia de nuestra
felicidad, nuestro orgullo y nuestra sabiduría. El hombre puede vivir y morir en vano, pero la voluntad nunca puede perecer. Debe dar frutos y llegar a su fin.
Nunca me rindo ni un centímetro por la Voluntad. Para llevar a cabo la Voluntad no evito el camino del sacrificio, no importa que sacrificio se tenga que
hacer.
No debemos estar satisfechos con nuestros
logros si no hemos hecho todo lo que deberíamos hacer. Mejor seamos pioneros de una
nueva historia con una voluntad fuerte que nos haga capaces de cortar cualquier atadura mundana.
Aunque vuestro cuerpo esté viviendo en la
realidad del presente, vuestros esfuerzos espirituales, sentimientos e ideales
diarios deberían añorar la tierra prometida de Canaán y desear vivir en ella.
Debemos mantener tal estándar de
corazón que, aunque experimentemos un gran dolor yendo por la situación más
miserable, podamos reírnos de ello y pasar por sobre la más alta gloria del
mundo satánico.
Serán aceptados en el Reino de los Cielos
aquellos que posean un corazón tan sincero que no puedan abandonar la Voluntad
de Dios aunque les ofreciesen la posición más gloriosa del mundo.
Estoy yendo por este camino
cargado de agonía. ¿Cómo entonces suponen seguir su
camino sin invertir su más sincero corazón?
No podemos pensar sobre la Providencia desde
una posición cómoda. No podemos establecer condiciones de indemnización si no
estamos dispuestos a perseverar y aguantar golpes y más golpes.
Destruid hasta las mismas entrañas del
infierno.
No se logra la victoria agrediendo. Aunque
parezca que la restauración puede avanzar siendo agresivos, debéis estar
dispuestos a ser maltratados. El resultado final de ir por el camino de la
restauración recibiendo golpes será la victoria, aunque parezca que estéis
perdiendo. Este es el secreto último de la Providencia.
Ha llegado el momento de pensar en las
palabras de Jesús, "no os preocupéis qué comeréis, con qué os vestiréis o
qué beberéis". Si nos preocupamos más de nuestra vida que del Reino de
Dios y Su justicia, pereceremos. Sin este Reino, todos los individuos, las
familias, las sociedades y las razas se destruirán. No podemos volver a la
tierra natal original sin este Reino.
Aquellos que no se preocupan de las cosas del
cielo y sólo buscan su propio bienestar, no son necesarios. Es más importante
una persona necesaria que miles innecesarias.
Estamos abriendo un camino por donde ninguna
religión ha ido anteriormente.
Al igual que las doce tribus y los setenta
ancianos, centrados en Moisés, movilizaron una multitud de 600.000 personas, no
podemos ignorar la necesidad de la organización en el transcurso de la
restauración.
El plan providencial del cielo viene
determinado desde arriba y desde el origen. Por lo tanto nosotros, que vamos
por un camino que desconocemos, debemos seguirlo obedientemente. Este es el
camino mas corto.
Cuando aparece un sujeto perfecto surge un
objeto perfecto. Pero si antes de que surja el objeto, aparece otro sujeto, se
producirá un conflicto.
Moisés debería haber empujado a los israelitas
para que entraran en Canaán, aunque perdiera la mitad del pueblo en el proceso.
Pero, como no fue duro con ellos cuando debió serlo, tanto Moisés como el
pueblo de Israel como el momento esperado por la Providencia, se perdieron.
Dios ha luchado durante 6.000 años para
encontrar el momento, la persona y la misión adecuados. Por lo tanto, aquel que
se oponga a tal momento, persona y misión, traicionará la labor de 6.000 años
de historia; por el contrario, aquel que permanezca fiel recibirá el
reconocimiento de la historia. El que se mantenga fiel recibirá los beneficios
de los 6.000 años, mientras que, el que sea infiel recibirá todas las penas
acumuladas en los 6.000 años.
Cuando después de decir que algo es malo,
cambiáis y decís que es bueno, es porque os habéis rendido.
No es normal que los miembros que conocen la
voluntad de Dios estén tranquilos e indiferentes. Siguiendo la Voluntad vivo
tan seriamente que parece como si Dios y yo estuviéramos tirando del extremo de
una cuerda enfrentados a Satán y a tres billones de personas que están tirando
del otro extremo.
Los deseos más profundos del hombre caído son:
1.- Volver al lado de Dios
2.- Recobrar la posesión del universo
3.- Vengarse de Satán, su enemigo.
La cruz de Moisés fue la palabra, la de Jesús
fue el cuerpo y la del Señor de la Segunda Venida es el corazón (o el amor).
Todo lo que hago está un paso adelante de lo
que hacéis vosotros, por eso debéis fijaros en lo que estoy haciendo, ya que mi
labor llegará a ser el objetivo de vuestra vida en el futuro. La norma es que
sigáis el camino de la restauración por indemnización por vosotros mismos, sin
la ayuda de otros. Si recibís ayuda, debéis tomar responsabilidad por la vida
de esa persona.
Vosotros podéis cambiar de forma de pensar
cien veces al enfrentaros a dificultades, pero yo no puedo hacerlo. Aunque la
muerte me espere en el camino, mi destino es seguir caminando. Porque sé mejor
que nadie que el dolor del universo por no seguir el camino sería mayor que el
dolor de ir más allá de la muerte.
Entre todas las personas con una misma
posición, Dios elige a la más capaz. Porque esta persona tiene que luchar
contra Satán y vencerle.
Debéis saber que Dios ha estado derramando
lágrimas como un siervo, como un hijo y como un padre, y debéis ofrecer vuestro
corazón para eliminar este resentimiento de Dios.
Si titubeáis ante la voluntad de Dios, Satán
os invadirá. Una vez que conocéis la voluntad de Dios no dudéis.
Dios solamente conoce los principios y las
normas celestiales y yo sólo conozco la Voluntad de Dios.
Al igual que no es posible ponerse un vestido
nuevo sin quitarse el viejo, no es posible ver un mundo nuevo con viejas ideas.
Cuanto más profundo se planta una semilla, más
tiempo tarda en brotar. No seáis impacientes. ¿Creéis posible que en una mañana
brote la historia de la providencia que se ha venido plantando a lo largo de
6.000 años?
El ideal de la unificación se hará realidad
cuando tratéis a todas las personas como si fueran vuestro Abel.
Cuando estéis a punto de morir, después de
haberos sacrificado por la voluntad de Dios, debéis orar para que todo lo que
no hayáis podido hacer por Su voluntad se cumpla a través de vuestros
descendientes. Entonces, podréis volver y cooperar con ellos.
La tierra prometida de Canaán no es la tierra
de un pueblo, sino que cada uno debe tener la convicción de que es su tierra
prometida. Hemos de determinarnos a seguir adelante aunque Moisés o los líderes
del pueblo mueran.
Seguir el camino de la voluntad es como andar
con el agua hasta el cuello llevando a Dios en tu espalda hacia un destino
siempre lejano y sentir que, si te ahogas en el camino, Su voluntad debe volver
a empezar de nuevo.
La voluntad del Padre y la mía no deben ser
diferentes, al igual que queda expresado en la oración "que se haga Tu
voluntad y no la mía".
Si mostráis a Dios tres grandes logros que
habéis conseguido y con cada uno de ellos sorprenderle de tal manera que salte
de alegría, El no podrá evitar ser vuestro Dios personal.
Lo que es bueno o malo para Dios también lo es
para nosotros. Por eso, si hago el bien a los demás, se lo estoy haciendo a
Dios. Eso es bondad.
Hasta ahora la historia ha sido una historia
de maldad y el mundo, un mundo de maldad, de forma que el bien se ha visto
maltratado e insultado a lo largo de la historia. ¿No ha sido éste el camino
que han debido seguir los buenos antepasados? Nosotros también, para cumplir la
voluntad de Dios, hemos de ser maltratados e insultados y derramar muchas
lágrimas, para que, cuando vayamos al mundo espiritual, podamos presentarnos
dignamente y sin remordimientos ante esos antepasados.
La Era del Antiguo Testamento fue el tiempo en
que el hombre trabajó con una esperanza lejana; la Era del Nuevo Testamento fue
el tiempo de practicar la fe; y en el futuro, la Era del Testamento Completo
será el tiempo de encontrar el amor y practicarlo.
Si existiera algo tan valioso que sin ello
perecieran la historia y el mundo, ¿dónde lo guardaríamos? Nuestro deseo sería
guardarlo en lo más profundo de nuestro corazón. Y, para ello, debe ser
invisible. Por esta razón Dios es un ser invisible. Tenemos suerte de que Dios
sea invisible porque si fuera visible, ¿cómo podríamos evitar la lucha por
conseguirle? Dios no soportaría semejante dolor.
Nuestro incentivo está en Dios. Nuestro curso
es ir con Dios. Como perseguimos un idéntico propósito podemos prosperar y si
no lo hacemos así, no prosperaremos.
Dios creó al hombre para sentir alegría. Dios
quiere dar, pero sólo puede hacerlo cuando estemos unidos completamente.
No plantéis ni cosechéis pensando en vosotros
mismos. Hemos de ofrecer a Dios tanto la motivación como el resultado.
La felicidad es encontrar a alguien que aunque
dé, quiera dar más, aunque ayude a los demás, quiera ayudar más, y aunque ame,
quiera amar más.
Aunque Jesús estableció una condición
victoriosa a nivel individual, no consiguió las circunstancias para poder
recibir el reconocimiento a nivel nacional, por eso tuvo que morir en la cruz.
El primer curso de siete años fue para
construir, a nivel exterior, un fundamento más allá de la etapa de perfección
del periodo de crecimiento que Satán no pudiera invadir, abriendo un camino
para salvar a la humanidad caída y, a nivel interior, fue el tiempo para
preparar un fundamento que restaurara completamente a Eva. Durante este tiempo,
Eva debía establecer un estándar de obediencia absoluta a Adán. Mi familia
debía establecer una base victoriosa para eliminar completamente cualquier
condición que permitiera la acusación de Satán.
La Era del Antiguo Testamento es la era de la
preparación de la novia, la Era del Nuevo Testamento es la era de la novia y la
Era del Testamento Completo es la era de la esposa. Y ya que la era de la
esposa es el tiempo para completar la voluntad del Señor, llegará el momento en
que podréis orar en vuestro propio nombre.
¿Es verdadera la Voluntad en la que creemos?
Si lo es, deberíamos considerar si el camino que estamos siguiendo está de
acuerdo con dicha Voluntad.
Cuanto más grandes os hagáis, más tendréis que
mirar donde ponéis los pies. Cuanto más pequeños, más debéis volver vuestros
ojos a Dios.
He atravesado las distintas colinas de la
historia cargando la cruz de tener que descubrir la Palabra y de tener que
substancializarla.
Todos vosotros, en el camino que recorre la
Iglesia de Unificación, debéis esforzaros por acercaros a la verdadera esencia,
al verdadero modelo.
El hombre debe asumir el dominio del corazón
(el amor y la familia) y el dominio de la misión (el trabajo). Cuando no puede
hacer ambos, está muerto en el mundo substancial.
Las relaciones verdaderas no cambian nunca.
Una nación que sea capaz de manejar una
sociedad multirracial será capaz de controlar el mundo.
El espíritu de la Iglesia de Unificación es no
traicionar jamás a Dios.
Debéis avanzar haciendo que vuestro cuerpo
sirva a vuestra mente, que vuestra mente sirva a la Providencia y que la
Providencia sirva a Dios.
El propósito más elevado de Dios es el hombre.
La sede central de la Iglesia es como la cima
del Gólgota.
Pensad siempre con Dios.
Dios no actúa donde no existe una sinceridad
completa.
Encontrémonos todos donde se derramen las
últimas lágrimas.
Aunque en este momento el mundo esté en contra
nuestra, no pereceremos.
La verdad, la vida y el amor son como un
triángulo. Donde está la verdad están la vida y el amor y donde está el amor,
están la verdad y la vida.
Debo luchar contra mi propio yo, que es mi
enemigo, y si no puedo vencerle mientras viva, debo tener la determinación de
que aunque muera lo conseguiré.
Los ojos se abren al universo y la vida debe
vibrar en armonía con la Voluntad de Dios.
En el caso de que la Voluntad no pudiera
establecerse, no quiero ni siquiera enseñar mi cadáver al enemigo. Marchemos
con el corazón de "¡vamos a morir juntos!". Si morimos en el camino a
la victoria, aunque no lo sepamos, no hemos sido vencidos.
Si la Voluntad de Dios no pudiera cumplirse,
debemos estar preparados para afrontar cualquier dificultad. No os preocupéis
por mí, vosotros cumplid vuestra responsabilidad.
Descubrir el Principio fue tan difícil como
reunir los granos de arena de un inmenso mar.
La prolongación de la Voluntad no es
responsabilidad ni de Dios ni de la nación, sino nuestra responsabilidad.
En nuestro pensamiento, día y noche, debemos
anhelar por la Voluntad de Dios. Si dejamos de hacerlo, es el fin. Por tanto,
debemos mantenernos siempre alerta.
El propósito no es conocer el Principio, sino
conocer a Dios, al Ser Central, a través del Principio.
¿Qué estoy haciendo por la Voluntad de Dios?
Incluso yo siempre me hago esta pregunta.
La religión que guía centrándose en el corazón
es la religión de Dios.
La Voluntad de Dios existe para el mundo y
para las futuras generaciones.
Si caéis y morís en el camino correcto, como
este camino tiene la bendición del cielo y de la tierra, podréis conquistar el
universo.
Cumplir el propósito de la Voluntad implica
realizar los propósitos individuales del hombre y de todas las cosas.
El universo mantiene su órbita aunque estés
dormido. Si actúas de una forma egoísta simplemente porque nadie te ve,
perecerás.
La persona que lleva en su seno la Voluntad de
Dios, no puede dejar de preocuparse por ella hasta que consigue cumplirla.
Debemos ser capaces de mantener una línea
recta que pase por estos tres puntos: Dios, Su propósito y nuestro propósito.
Mantened constantemente la actitud de trabajar
por la Voluntad y así llegará el día en que la conoceréis completamente.
La Voluntad de Dios fluye a la par que el
tiempo. ¿Puede alguno de vosotros representar la eternidad como individuo? Si
no vais adelante, el fundamento establecido se perderá.
La misión individual no debe acabar en ti
mismo sino que debe unirse al propósito global del cielo.
Dios creó a Adán y Eva pensando en los hijos
que éstos iban a tener. De la misma forma, el propósito de Dios al enviar al
Mesías no se encuentra en el Mesías mismo, sino en la humanidad.
La labor de la Iglesia de Unificación es
armonizar las religiones, representantes del cielo, con las filosofías,
representantes del mundo. La religión es vertical y la filosofía, horizontal.
La relación padre-hijo es el eje central del
universo.
La corriente principal es la más corta y
directa. Es un atajo. Porque es el camino en línea recta.
De una forma inconsciente no se puede forjar
una relación.
Cuando se produjo la Caída, Dios experimentó
un gran sufrimiento aún antes de que el hombre lo sintiera.
En la Providencia de Dios no hay ensayos. Por
lo tanto debemos tomarla con la mayor seriedad.
A lo largo de nuestra vida no podemos volver
atrás.
El pensamiento de la Unificación debe ser de
tal dimensión que pueda colmar todas las expectativas de la historia. Debe ser
tal que todos los santos y sabios de la historia puedan exclamar, "¡esto
es!".
Si en el camino por realizar la Voluntad de
Dios somos heridos, esto será siempre una lección para nosotros y para nuestros
descendientes.
Si nos unimos a Dios y Su Voluntad llegaremos
a ser un segundo sujeto.

