Thursday, May 19, 2016

SOBRE LA VOLUNTAD DE DIOS

I. LA VOLUNTAD DE DIOS

1.      La Voluntad de Dios

La Voluntad de Dios vino ante mi. Dios es el origen de la voluntad, el contenido de la voluntad y el 
propósito de la Voluntad.

La voluntad es la esencia de nuestra felicidad, nuestro orgullo y nuestra sabiduría.  El hombre puede vivir y morir en vano, pero la voluntad nunca puede perecer. Debe dar frutos y llegar a su fin.

Nunca me rindo ni un centímetro por la Voluntad. Para llevar a cabo la Voluntad no evito el camino del sacrificio, no importa que sacrificio se tenga que hacer.

No debemos estar satisfechos con nuestros logros si no hemos hecho todo lo que deberíamos hacer. Mejor seamos pioneros de una nueva historia con una voluntad fuerte que nos haga capaces de cortar cualquier atadura mundana.

Aunque vuestro cuerpo esté viviendo en la realidad del presente, vuestros esfuerzos espirituales, sentimientos e ideales diarios deberían añorar la tierra prometida de Canaán y desear vivir en ella.

Debemos mantener tal estándar de corazón que, aunque experimentemos un gran dolor yendo por la situación más miserable, podamos reírnos de ello y pasar por sobre la más alta gloria del mundo satánico.

Serán aceptados en el Reino de los Cielos aquellos que posean un corazón tan sincero que no puedan abandonar la Voluntad de Dios aunque les ofreciesen la posición más gloriosa del mundo.

Estoy yendo por este camino cargado de agonía. ¿Cómo entonces suponen seguir su camino sin invertir su más sincero corazón?

No podemos pensar sobre la Providencia desde una posición cómoda. No podemos establecer condiciones de indemnización si no estamos dispuestos a perseverar y aguantar golpes y más golpes.

Destruid hasta las mismas entrañas del infierno.

No se logra la victoria agrediendo. Aunque parezca que la restauración puede avanzar siendo agresivos, debéis estar dispuestos a ser maltratados. El resultado final de ir por el camino de la restauración recibiendo golpes será la victoria, aunque parezca que estéis perdiendo. Este es el secreto último de la Providencia.

Ha llegado el momento de pensar en las palabras de Jesús, "no os preocupéis qué comeréis, con qué os vestiréis o qué beberéis". Si nos preocupamos más de nuestra vida que del Reino de Dios y Su justicia, pereceremos. Sin este Reino, todos los individuos, las familias, las sociedades y las razas se destruirán. No podemos volver a la tierra natal original sin este Reino.

Aquellos que no se preocupan de las cosas del cielo y sólo buscan su propio bienestar, no son necesarios. Es más importante una persona necesaria que miles innecesarias.

Estamos abriendo un camino por donde ninguna religión ha ido anteriormente.

Al igual que las doce tribus y los setenta ancianos, centrados en Moisés, movilizaron una multitud de 600.000 personas, no podemos ignorar la necesidad de la organización en el transcurso de la restauración.

El plan providencial del cielo viene determinado desde arriba y desde el origen. Por lo tanto nosotros, que vamos por un camino que desconocemos, debemos seguirlo obedientemente. Este es el camino mas corto.

Cuando aparece un sujeto perfecto surge un objeto perfecto. Pero si antes de que surja el objeto, aparece otro sujeto, se producirá un conflicto.

Moisés debería haber empujado a los israelitas para que entraran en Canaán, aunque perdiera la mitad del pueblo en el proceso. Pero, como no fue duro con ellos cuando debió serlo, tanto Moisés como el pueblo de Israel como el momento esperado por la Providencia, se perdieron.

Dios ha luchado durante 6.000 años para encontrar el momento, la persona y la misión adecuados. Por lo tanto, aquel que se oponga a tal momento, persona y misión, traicionará la labor de 6.000 años de historia; por el contrario, aquel que permanezca fiel recibirá el reconocimiento de la historia. El que se mantenga fiel recibirá los beneficios de los 6.000 años, mientras que, el que sea infiel recibirá todas las penas acumuladas en los 6.000 años.

Cuando después de decir que algo es malo, cambiáis y decís que es bueno, es porque os habéis rendido.

No es normal que los miembros que conocen la voluntad de Dios estén tranquilos e indiferentes. Siguiendo la Voluntad vivo tan seriamente que parece como si Dios y yo estuviéramos tirando del extremo de una cuerda enfrentados a Satán y a tres billones de personas que están tirando del otro extremo.

Los deseos más profundos del hombre caído son:
1.- Volver al lado de Dios
2.- Recobrar la posesión del universo
3.- Vengarse de Satán, su enemigo.

La cruz de Moisés fue la palabra, la de Jesús fue el cuerpo y la del Señor de la Segunda Venida es el corazón (o el amor).

Todo lo que hago está un paso adelante de lo que hacéis vosotros, por eso debéis fijaros en lo que estoy haciendo, ya que mi labor llegará a ser el objetivo de vuestra vida en el futuro. La norma es que sigáis el camino de la restauración por indemnización por vosotros mismos, sin la ayuda de otros. Si recibís ayuda, debéis tomar responsabilidad por la vida de esa persona.

Vosotros podéis cambiar de forma de pensar cien veces al enfrentaros a dificultades, pero yo no puedo hacerlo. Aunque la muerte me espere en el camino, mi destino es seguir caminando. Porque sé mejor que nadie que el dolor del universo por no seguir el camino sería mayor que el dolor de ir más allá de la muerte.

Entre todas las personas con una misma posición, Dios elige a la más capaz. Porque esta persona tiene que luchar contra Satán y vencerle.

Debéis saber que Dios ha estado derramando lágrimas como un siervo, como un hijo y como un padre, y debéis ofrecer vuestro corazón para eliminar este resentimiento de Dios.

Si titubeáis ante la voluntad de Dios, Satán os invadirá. Una vez que conocéis la voluntad de Dios no dudéis.

Dios solamente conoce los principios y las normas celestiales y yo sólo conozco la Voluntad de Dios.

Al igual que no es posible ponerse un vestido nuevo sin quitarse el viejo, no es posible ver un mundo nuevo con viejas ideas.

Cuanto más profundo se planta una semilla, más tiempo tarda en brotar. No seáis impacientes. ¿Creéis posible que en una mañana brote la historia de la providencia que se ha venido plantando a lo largo de 6.000 años?

El ideal de la unificación se hará realidad cuando tratéis a todas las personas como si fueran vuestro Abel.

Cuando estéis a punto de morir, después de haberos sacrificado por la voluntad de Dios, debéis orar para que todo lo que no hayáis podido hacer por Su voluntad se cumpla a través de vuestros descendientes. Entonces, podréis volver y cooperar con ellos.

La tierra prometida de Canaán no es la tierra de un pueblo, sino que cada uno debe tener la convicción de que es su tierra prometida. Hemos de determinarnos a seguir adelante aunque Moisés o los líderes del pueblo mueran.

Seguir el camino de la voluntad es como andar con el agua hasta el cuello llevando a Dios en tu espalda hacia un destino siempre lejano y sentir que, si te ahogas en el camino, Su voluntad debe volver a empezar de nuevo.

La voluntad del Padre y la mía no deben ser diferentes, al igual que queda expresado en la oración "que se haga Tu voluntad y no la mía".

Si mostráis a Dios tres grandes logros que habéis conseguido y con cada uno de ellos sorprenderle de tal manera que salte de alegría, El no podrá evitar ser vuestro Dios personal.

Lo que es bueno o malo para Dios también lo es para nosotros. Por eso, si hago el bien a los demás, se lo estoy haciendo a Dios. Eso es bondad.

Hasta ahora la historia ha sido una historia de maldad y el mundo, un mundo de maldad, de forma que el bien se ha visto maltratado e insultado a lo largo de la historia. ¿No ha sido éste el camino que han debido seguir los buenos antepasados? Nosotros también, para cumplir la voluntad de Dios, hemos de ser maltratados e insultados y derramar muchas lágrimas, para que, cuando vayamos al mundo espiritual, podamos presentarnos dignamente y sin remordimientos ante esos antepasados.

La Era del Antiguo Testamento fue el tiempo en que el hombre trabajó con una esperanza lejana; la Era del Nuevo Testamento fue el tiempo de practicar la fe; y en el futuro, la Era del Testamento Completo será el tiempo de encontrar el amor y practicarlo.

Si existiera algo tan valioso que sin ello perecieran la historia y el mundo, ¿dónde lo guardaríamos? Nuestro deseo sería guardarlo en lo más profundo de nuestro corazón. Y, para ello, debe ser invisible. Por esta razón Dios es un ser invisible. Tenemos suerte de que Dios sea invisible porque si fuera visible, ¿cómo podríamos evitar la lucha por conseguirle? Dios no soportaría semejante dolor.

Nuestro incentivo está en Dios. Nuestro curso es ir con Dios. Como perseguimos un idéntico propósito podemos prosperar y si no lo hacemos así, no prosperaremos.

Dios creó al hombre para sentir alegría. Dios quiere dar, pero sólo puede hacerlo cuando estemos unidos completamente.

No plantéis ni cosechéis pensando en vosotros mismos. Hemos de ofrecer a Dios tanto la motivación como el resultado.

La felicidad es encontrar a alguien que aunque dé, quiera dar más, aunque ayude a los demás, quiera ayudar más, y aunque ame, quiera amar más.

Aunque Jesús estableció una condición victoriosa a nivel individual, no consiguió las circunstancias para poder recibir el reconocimiento a nivel nacional, por eso tuvo que morir en la cruz.

El primer curso de siete años fue para construir, a nivel exterior, un fundamento más allá de la etapa de perfección del periodo de crecimiento que Satán no pudiera invadir, abriendo un camino para salvar a la humanidad caída y, a nivel interior, fue el tiempo para preparar un fundamento que restaurara completamente a Eva. Durante este tiempo, Eva debía establecer un estándar de obediencia absoluta a Adán. Mi familia debía establecer una base victoriosa para eliminar completamente cualquier condición que permitiera la acusación de Satán.

La Era del Antiguo Testamento es la era de la preparación de la novia, la Era del Nuevo Testamento es la era de la novia y la Era del Testamento Completo es la era de la esposa. Y ya que la era de la esposa es el tiempo para completar la voluntad del Señor, llegará el momento en que podréis orar en vuestro propio nombre.

¿Es verdadera la Voluntad en la que creemos? Si lo es, deberíamos considerar si el camino que estamos siguiendo está de acuerdo con dicha Voluntad.

Cuanto más grandes os hagáis, más tendréis que mirar donde ponéis los pies. Cuanto más pequeños, más debéis volver vuestros ojos a Dios.

He atravesado las distintas colinas de la historia cargando la cruz de tener que descubrir la Palabra y de tener que substancializarla.

Todos vosotros, en el camino que recorre la Iglesia de Unificación, debéis esforzaros por acercaros a la verdadera esencia, al verdadero modelo.

El hombre debe asumir el dominio del corazón (el amor y la familia) y el dominio de la misión (el trabajo). Cuando no puede hacer ambos, está muerto en el mundo substancial.

Las relaciones verdaderas no cambian nunca.

Una nación que sea capaz de manejar una sociedad multirracial será capaz de controlar el mundo.

El espíritu de la Iglesia de Unificación es no traicionar jamás a Dios.

Debéis avanzar haciendo que vuestro cuerpo sirva a vuestra mente, que vuestra mente sirva a la Providencia y que la Providencia sirva a Dios.

El propósito más elevado de Dios es el hombre.

La sede central de la Iglesia es como la cima del Gólgota.

Pensad siempre con Dios.

Dios no actúa donde no existe una sinceridad completa.

Encontrémonos todos donde se derramen las últimas lágrimas.

Aunque en este momento el mundo esté en contra nuestra, no pereceremos.

La verdad, la vida y el amor son como un triángulo. Donde está la verdad están la vida y el amor y donde está el amor, están la verdad y la vida.

Debo luchar contra mi propio yo, que es mi enemigo, y si no puedo vencerle mientras viva, debo tener la determinación de que aunque muera lo conseguiré.

Los ojos se abren al universo y la vida debe vibrar en armonía con la Voluntad de Dios.

En el caso de que la Voluntad no pudiera establecerse, no quiero ni siquiera enseñar mi cadáver al enemigo. Marchemos con el corazón de "¡vamos a morir juntos!". Si morimos en el camino a la victoria, aunque no lo sepamos, no hemos sido vencidos.

Si la Voluntad de Dios no pudiera cumplirse, debemos estar preparados para afrontar cualquier dificultad. No os preocupéis por mí, vosotros cumplid vuestra responsabilidad.

Descubrir el Principio fue tan difícil como reunir los granos de arena de un inmenso mar.

La prolongación de la Voluntad no es responsabilidad ni de Dios ni de la nación, sino nuestra responsabilidad.

En nuestro pensamiento, día y noche, debemos anhelar por la Voluntad de Dios. Si dejamos de hacerlo, es el fin. Por tanto, debemos mantenernos siempre alerta.

El propósito no es conocer el Principio, sino conocer a Dios, al Ser Central, a través del Principio.

¿Qué estoy haciendo por la Voluntad de Dios? Incluso yo siempre me hago esta pregunta.

La religión que guía centrándose en el corazón es la religión de Dios.

La Voluntad de Dios existe para el mundo y para las futuras generaciones.

Si caéis y morís en el camino correcto, como este camino tiene la bendición del cielo y de la tierra, podréis conquistar el universo.

Cumplir el propósito de la Voluntad implica realizar los propósitos individuales del hombre y de todas las cosas.

El universo mantiene su órbita aunque estés dormido. Si actúas de una forma egoísta simplemente porque nadie te ve, perecerás.

La persona que lleva en su seno la Voluntad de Dios, no puede dejar de preocuparse por ella hasta que consigue cumplirla.

Debemos ser capaces de mantener una línea recta que pase por estos tres puntos: Dios, Su propósito y nuestro propósito.

Mantened constantemente la actitud de trabajar por la Voluntad y así llegará el día en que la conoceréis completamente.

La Voluntad de Dios fluye a la par que el tiempo. ¿Puede alguno de vosotros representar la eternidad como individuo? Si no vais adelante, el fundamento establecido se perderá.

La misión individual no debe acabar en ti mismo sino que debe unirse al propósito global del cielo.

Dios creó a Adán y Eva pensando en los hijos que éstos iban a tener. De la misma forma, el propósito de Dios al enviar al Mesías no se encuentra en el Mesías mismo, sino en la humanidad.

La labor de la Iglesia de Unificación es armonizar las religiones, representantes del cielo, con las filosofías, representantes del mundo. La religión es vertical y la filosofía, horizontal.

La relación padre-hijo es el eje central del universo.

La corriente principal es la más corta y directa. Es un atajo. Porque es el camino en línea recta.

De una forma inconsciente no se puede forjar una relación.

Cuando se produjo la Caída, Dios experimentó un gran sufrimiento aún antes de que el hombre lo sintiera.

En la Providencia de Dios no hay ensayos. Por lo tanto debemos tomarla con la mayor seriedad.

A lo largo de nuestra vida no podemos volver atrás.

El pensamiento de la Unificación debe ser de tal dimensión que pueda colmar todas las expectativas de la historia. Debe ser tal que todos los santos y sabios de la historia puedan exclamar, "¡esto es!".

Si en el camino por realizar la Voluntad de Dios somos heridos, esto será siempre una lección para nosotros y para nuestros descendientes.

Si nos unimos a Dios y Su Voluntad llegaremos a ser un segundo sujeto.

No hay nada en que confiar excepto en la Voluntad de Dios.







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